Capitulo 1 Segunda Parte
-He estado comprando, arreglando y vendiendo casas durante cuatro años. Dame algún crédito. -Podía haber escogido una carrera insólita para una mujer, pero le gustaba lo que hacía. Es más, poseía un instinto para los bienes inmuebles, sabía cuándo y qué comprar, sabia cuando vender, y casi siempre obtenía ganancias.
Siendo un escéptico declarado, Kevin permaneció poco convencido.
-Por favor dime que negociaste por un buen precio. Con sinceridad, dudo que alguien alguna vez quiera esto.
-Estoy dispuesta a apostar a que vendo esta casa por más dinero del que tú ganes en un año entero.
-Acepto la apuesta. -Mientras le sonreía, se acarició la mandíbula-. Según mis cálculos, sólo tienes que conseguir cinco mil dólares entre gastos de restauración y el precio de compra.
________ no vaciló.
-Hecho.
-Si ganas tú, llevaré un vestido en el siguiente almuerzo familiar. Si gano yo, tendrás que cenar con Steven Harri. Él es un detective nuevo de mi unidad -antes de que ella pudiera protestar, Kevin añadió rápidamente-. Te gustará.
Ella gimió. Su hermano tenía buenas intenciones, realmente las tenia, pero no saldría con más amigos suyos. El último poli que salió con ella se había pasado la noche entera hablando cada minuto del modo en que una bala había perforado una vez su cavidad pectoral. Todos los fascinantes detalles fueron relatados mientras ella trataba de comer un plato de espagueti con tomate.
-He cambiado de idea -dijo sucintamente-. La apuesta está anulada. Yo preferiría ser estacada a un hormiguero llevando solo un bikini minúsculo, que pasar por otra cita a ciegas.
Su hermano ni se inmutó.
-¿Sales con alguien?
-No. -Ella no se explicó, conociéndole, eso sólo lo animaría. En el pasado año, había aguantado infinitas tardes de películas malas, de malas comidas y aún peores compañías. Ella finalmente había llegado a la conclusión de que sufría de un caso severo de Síndrome de la Primera Cita.
El único síntoma que demostraba ser fatal era que siempre encontraba defectos en sus parejas una hora después de reunirse con ellos. Richard se comía los guisantes uno por uno. La voz de John tenía un tono alto, nasal. Quinn andaba con sus rodillas hacia fuera. Mitch era demasiado estirado. Lo peor, todos ellos eran más bajitos que ella y aborrecía, odiaba mirar hacia abajo a un hombre. De este modo había llegado a su veinticinco cumpleaños sin un hombre, sin pasar de la etapa de llegándose a conocer .
Era también por eso que había llegado a su veinticinco cumpleaños sin que un solo hombre consiguiera meterse en sus bragas.
Profundamente en su interior deseaba a un hombre al que poder abrazar, un hombre al que pudiera respetar y con el que realmente compartir sus esperanzas y sueños. Un hombre que besara y lamiera cada pulgada de su desnudo y tembloroso cuerpo. ¿Pero cómo podría encontrar a ese hombre cuando huía lejos de los pocos que se interesaban por ella?
Tal vez debería aceptar otra cita a ciegas.
Kevin realizó un largo, profundo suspiro. Con agradecimiento, el sonido alejó sus tontas reflexiones.
-Si estas esperando la perfección -dijo-, me temo que estas condenada a la decepción.
-¿Te burlas de mi? -Aunque interiormente estaba divertida por su suposición, parecía correctamente disgustada-. Ya sé que no existe ningún hombre perfecto. Mis hermanos me enseñaron esa lección muy bien.
-Sabihonda.
-Tomaré mi cuarto de dólar, muchas gracias. -Sonriendo abiertamente con aire de suficiencia, ________ ofreció una mano, con la palma hacia arriba. Sólo tenía cuatro monedas más, y no creía que le duraran todo el día, ni siquiera otros cinco minutos con Kevin. La ganancia de un poco de dinero extra era un favor inesperado.
Su hermano cruzó los brazos sobre el pecho.
-No soy yo el que trata de dejar de decir palabrotas, por lo tanto no te debo nada más que una disculpa si he ofendido tus delicados oídos con mi crudeza.
Su sonrisa se borró rápidamente.
-Tú tienes la peor boca que he escuchado alguna vez, y juro que eres tú el que me enseñó cada palabra sucia que conozco.
Él se encogió de hombros como diciendo: "Si te molesta, pues no deberías haber escuchado".
-Hay zonas de fumadores -se quejó ella-. ¿Crees que hay alguna para malhablados?
-Absolutamente no. El jabón es la única cura. -El tinte de diversión en la voz de Kevin le hizo recordar las muchas veces que le había lavado la boca con jabón cuando era niña-. Así que, ¿cuándo hacemos esa visita?
Aunque ella tenía muchas ganas de lavar su boca ahora mismo, dijo:
-Ahora, si tienes tiempo.
-Lo tengo.
-Entonces comencemos. Ya que estamos afuera, te mostraré el jardín primero. -Oh, le iba a encantar esto, pensó ella de repente, burbujeando por la anticipación-. Vamos.
Ellos caminaron un poco separados, discutiendo juguetonamente sobre quien había pasado una mañana peor. Él ganó, por supuesto. ¿Quién podía competir con ser abordado por una psicótica con intenciones ilusorias de gobernar el mundo? Cuando alcanzaron la entrada del jardín, ________ se paró, dio a Kevin un momento para absorber el ambiente, y luego extendió los brazos ampliamente.
-Bienvenido a mi patio de recreo - dijo ella.
El silencio la saludó. Impaciente, le dio un toque con su pie y esperó algún tipo de reacción por su parte. Pasó un minuto, luego dos. Él no se movió ni un centímetro, no emitió ni un solo sonido. Finalmente, ella no lo soportó más.
-¿Bueno... que piensas?
-Santa mi...
-No... Dilo -pidió ella con una risita.
-Pero aquellas estatuas son... -Sus ojos se ensanchó con incredulidad cuando estudió una de las estatua, luego otra-. Ellas están...
-Lo sé.
Siete estatuas protegían la entrada. Tres eran masculinas; cuatro femeninas. Todas estaban desnudas y posando en diferentes posturas de autosatisfacción. Aunque estaban parados justo enfrente de un lozano y verde matorral y era inapreciable desde donde ellos estaban parados, ________ sabía que su guerrero de piedra tenía las manos a los costados. Él no estaba dándose placer a sí mismo, pero obviamente estaba erecto. Magníficamente erecto. Su cuerpo era tan hermoso como cualquier estatua griega. Lo que él ofrecía a una mujer, sin embargo, no podía ser cubierto por una hoja de parra.
¿Por qué pienso en él? ¡Basta!
-Retiro mi comentario sobre que la casa parece un vertedero. -Kevin dio un paso hacia una escultura femenina cuya expresión de completo éxtasis le cautivó. Él arrastró la mano a lo largo de su columna vertebral-. Infiernos, hasta te compraré el lugar.
La carcajada de ________ flotó a través de la luz del día y se mezcló con la erupción repentina del buscapersonas de su hermano. Él comprobó el número. En menos de un latido, sus hombros se tensaron y sus rasgos se endurecieron. Ya no era su bromista hermano mayor; ahora era un dedicado, distante y controlado detective.
-Tengo que irme -dijo, su oscuro tono lleno de secretos-. Te visitaré otro día durante esta semana, y podrás ofrecerme ese magnífico recorrido entonces.
Ella apenas tuvo tiempo de asentir antes de que él le diera un rápido beso en la mejilla.
-De acuerdo -dijo, luego se alejó corriendo. Se quedó sola otra vez.
Con nada más que hacer en el jardín, ________ se dirigió hacia la casa, permitiéndose sólo una mirada hacia atrás. Dentro, parpadeó para alejar las motas naranjas y rojas que nublan su visión. Gruesas telarañas llenaban cada esquina del comedor, de arriba abajo. La suciedad manchaba cada pared y la blanca pintura estaba amarilla y desconchada. Cuando se movió hacia la cocina, sus zapatos crujieron sobre los trozos rotos de lo que una vez debió de ser una magnifica lámpara de araña.
La casa necesitaba importantes reparaciones para ser considerada medianamente habitable, y en aquel momento, todo el trabajo requerido amenazaba con abrumarla. Una tarea a la vez, se recordó. Una tarea a la vez. Antes, había terminado el alicatado de las paredes del cuarto de baño, después la siguiente tarea en su lista de hoy era quitar el suelo de la cocina. Primero tenía que quitar la moqueta, que cubría otra capa de linóleo, que cubría otra capa de Dios sabía que más. Mañana sustituiría el revestimiento de maderas y rodapiés del cuarto de baño.
Con un suspiro, ________ encendió su cadena de CD que se escuchó por los altavoces. Dos horas pasaron rápidamente antes de que pudiera tirar y desechar la delgada y sucia estera. Cuando terminó, colocó la caja de herramientas sobre el linóleo de cal verde. En esa posición, una gran ventana surgía delante de ella, y tenía una vista perfecta del "jardín del placer". ________ no podía sacudirse el sentimiento de que un par de ojos intensos y observadores se fijaban en ella, esperando y esperando por... algo.
Le comenzaron a temblar las manos, pero siguió trabajando. Al cabo de un rato, encontró imposible el concentrarse y tuvo que parar totalmente antes de que se machacara un dedo en vez del suelo. No sabiendo que más hacer, clavó una sábana sobre la ventana y luego condujo hacia su casa, maldiciendo su imaginación desbocada durante todo el camino.
Durante los tres días siguientes, trabajó del alba hasta el atardecer sin dificultades. Pero todo el rato, la necesidad de ver a su guerrero de piedra crecía dentro de ella. Incluso sus palmas comenzaron ansiar... la posibilidad de deslizarse sobre sus duros músculos esculpidos.
Hasta ahora, había roto sólo parte de su resolución. Había pensado en él. Muchas veces. ¿Pero en cuanto al resto? ¿No mirar? ¿No tocar? Seguramente podía ser lo bastante fuerte para resistirse a su encanto.
Su voluntad se rompió por completo al cuarto día.
Aquella mañana temprano, comenzó a fantasear que las manos viajaban sobre su cuerpo, que el aliento soplaba sobre su oído, que el duro cuerpo humano, desnudo se apretaba contra el suyo. Aquellas imágenes la atormentaron, la consumieron. Cuando el crepúsculo pintó el paisaje, el sudor surcaba su frente y su respiración salía en breves y erráticos jadeos, una condición que nada tenía que ver con el trabajo manual.
Finalmente, de un salto se acercó a la ventana, extendió su inestable mano y quitó la sábana. La luz de la luna se derramó dentro, a la vez que sintió aquellos ojos invisibles sobre ella. Bueno, así que no había hecho caso de otra parte de su decisión. Le miraba fijamente, incapaz de apartar la vista. Gran pacto el suyo... No lo había tocado todavía. Y no lo haría. Pero mientras pensaba las palabras, ________ se encontró caminando hacia la puerta trasera, hacia fuera, al crepúsculo, como si una cuerda invisible tirara de ella, acercándola.
La fría brisa de abril la acarició las mejillas e hizo revolotear varios mechones de pelo, largos y pálidos a través de los hombros. La primavera era un tiempo versátil en Texas. En poco más de un solo día, un viento fresco podía transformarse en un calor chisporroteante o en un frío que calaba los huesos. Mientras más se acercaba al guerrero de piedra, su sangre más se calentaba por lo que estaba enormemente agradecida por el frío aire.
Más adelante, farolillos de papel parpadeaban, las bombillas de dentro daban la ilusión de ser llamas reales. Los grillos gorgojeaban una melodía perezosa. Flores vistosas florecían en cada esquina, unas amarillas y rosadas, otras púrpuras y azules, pero todas llenaban el aire con una fragancia dulce, floral. ________ caminó alrededor de los tortuosos arbustos y los pétalos suaves que se balancearon en su camino. Cuando afrontó el objeto de su tormento, se paró bruscamente y tomó un profundo aliento.
Por fin.
Encima de su base de mármol, el guerrero de piedra se imponía sobre ella, haciendo a ________ sentirse maravillosamente pequeña en comparación. Como hizo muchas veces antes, estudió la longitud larga, gruesa de él, pero sólo en nombre de la observación, desde luego. Señor, ¿qué pensaría él si fuera real? ¿Qué diría y le haría? Un temblor recorrió a través de ella.
Su musculoso pecho, brazos y piernas le daban un aura poderosa que muy pocos hombres poseían. La única nota de color en su figura eran unos viejos hilos de brillante hiedra verde que se estiraban alrededor de su pierna izquierda. Era tan abiertamente masculino, estaba tan maravillosamente formado. Sus ojos parecían cerrarse pesados, soñolientos, como si siempre invitaran a una mujer a su cama. Las hermosas líneas esculpidas de su cara le recordaban la de una estrella de cine. O alguien igualmente inalcanzable.
-Caray, has invadido cada aspecto de mi vida. Mis sueños. Mis fantasías. Mi trabajo. No entiendo cómo puedo quererte, necesitarte tanto.
Aquellos apetitosos labios parecieron decirle: Tócame.
-No, no puedo -contestó, pero ya extendía la mano. Subió los dedos por las frías y duras crestas de su abdomen, tratando de absorber su esencia. Tal vez si lo tocaba bastante, su obsesión por él disminuiría. Motivada por aquella tenue esperanza, movió las manos más arriba y rodeó sus pezones. Tal como antes, un gemido reverberó en sus oídos y el caliente sonido zumbó sobre ella hasta licuar sus huesos.
Qué pasaría si... Tragó y tentativamente movió las palmas hacia abajo. Los dedos se apretaron alrededor de su pene, una acción completamente loca, pero también completamente necesaria para su paz mental. Otro golpe de placer se desbocó a través de ella, éste tan intenso que casi fue incinerada.
________ brincó, asustada. Seguramente acababa de imaginarse esa descarga eléctrica tan poderosa. Frunciendo el ceño, ciñó su rígida longitud otra vez. Los temblores se arremolinaron y bailaron a través de ella, tan intensos como antes. No, no se había imaginado nada.
Incapaz de parar, subió a la tarima de mármol hasta que estuvo en la cima misma, colocándose ojo con ojo ante el gigantesco guerrero. ________ parpadeó con incredulidad. Una vez. Dos veces. Juraría que aquellos ojos realmente la miraron. El pensamiento hizo que tragara con aprensión, pero lo desechó. Las estatuas, no importa lo realmente misteriosas que parecieran, eran simples objetos inanimados.
Y aún así...
Bésame, decía su expresión.
El impulso de hacer justo eso la asedió. Por suerte, su sentido común la salvó. Tocar una obra de arte de algún modo podía justificarse; besar una obra de arte no podría.
Bésame.
-No -dijo-. No, no, no.
¡Bésame! ¡Bésame! ¡Bésame!
Esta vez, las palabras aporreaban a través de su mente, insistentes, intensas y exigentes. Fijó su mirada en los labios inmóviles del guerrero, y los dedos pronto la siguieron, trazando el exuberante contorno. Bueno podría besarle sólo una vez, pensó aturdida pero sólo una vez. El crepúsculo le ofrecía una vaga protección, así que nadie tendría que saberlo nunca.
Aquel pensamiento le proporcionó todo el incentivo que necesitaba. Con cuidado, cautelosamente, ________ cerró los ojos y encerró sus mejillas entre las manos. Aquella energía invisible tiró, con fuerza, y ella se arrimó, más cerca todavía. Entonces sus labios se encontraron. Las olas de hambre, calor y pasión viajaron a través de ella, y todos sus afilados pensamientos finalizaron, excepto uno: Esto es lo que un beso debería ser.
Las manos se deslizaron de sus mejillas hacia su espeso y sedoso pelo, sosteniéndole cautivo. Sus labios eran más suaves, más calientes, de lo que se imaginaba, y no tardó mucho en apoyar la cabeza sobre su hombro. Las ventanas de la nariz se llenaron del olor limpio, masculino de él.
Casi podía sentir sus manos que la acarician la parte baja de la espalda, trazando su extremo y dirigiéndola aún más cerca, contra él. Casi podía sentir su aliento contra la curva del cuello y la humedad caliente de su lengua cuando ésta se deslizó a lo largo de la clavícula. Casi podía sentir el lento, rítmico golpeteo de su corazón.
-Realmente estoy loca -susurró, pero señor, le gustaba la sensación. Otro jadeante suspiro resbaló de su garganta. Los grillos comenzaron otra tranquila melodía mientras las luciérnagas parpadeaban y bailaban en lo alto-. Si fueras real, te engulliría entero de un sabroso bocado.
Entonces una voz profunda susurró en su oído:
-Creo que eso se puede arreglar...........
Chicas! Gracias por sus comentarios!
que sucederá??
Las amo!
Luu